IMAGEN DE ARCHIVO
Twenty five thousand man, twenty five thousand, me repetía sin cesar Dave Duncan con una cerveza en la mano. La primera vez que me lo dijo eran como las seis y media de la tarde (la última igual eran las cinco de la mañana). Yo acababa de llegar al recinto y ni de lejos estaba al nivel de los asistentes del evento, que para más señas era en domingo y en la playa. A Dave me lo acababan de presentar cuando probábamos los pinchos de tortilla, mientras esperábamos nuestro turno en la barra de bebida gratis. En aproximadamente treinta y cinco frases (o probablemente muchas más) consiguió explicarme que había 25000 personas en el evento y que "las tías de Barcelona están muy buenas". Todo esto regado con unas cuantas latas del preciado brebaje veraniego cortesía del mundo cereal. Mientras tanto Tony Hawk, el skater de los millones de dolares, demostraba porqué lleva tantos años en esto. A sus cuarenta y dos años, y aparte de shows, hamburguesas, magdalenas con su nombre y consolas, no hay duda que el chico patina y lo hace muy bien.
Como dirían el desaparecido Dúo Sacapuntas, la plaza del Mar estaba abarrotada. Dave seguía alrededor hablando con todo el mundo. Cada vez que me lo encontraba, al primer segundo de silencio decía un "twenty five thousand man" y daba un sorbo a la cerveza. Después de un rato de demo de vertical con varios pros ramperos y castizos, leáse Kevin Staab, Sandro Dias o Neal Hendrix y aliñado con un poco de sangre joven como Riley Hawk o Jaws, Tony hizo varias rondas mejores que las de nadie y se puso con el 900. La gente gritaba su nombre mientras Antonio Halcón intentaba el aclamado novecientos. Esto es, dos vueltas y media en el aire. Entras normal y sales normal después de girar dos veces sobre ti mismo. Tony lo ha hecho algunas veces y como nadie más lo hecho, o al menos no con tantos medios de comunicación detrás, el show se basaba fundamentalmente en eso (más unos djs para crear un poco de ambiente). Al quinto intento más o menos lo cayó. La gente alucinó, él se quitó la camiseta, vimos lo delgado que es, dio las gracias y el show se acabó. Bueno, no del todo. Luego hubo una fiesta en el famoso nuevo hotel, donde el grupo Johnny Freelance Experience nos hizo bailar un rato. Los de seguridad se quejaron de los pantalones cortos y las chanclas y la decisión municipal de cerrar los bares tan pronto fue debatida hasta la saciedad. Hasta el año que viene Tony, nos lo pasamos muy bien.
IVÁN RODRÍGUEZ