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Para qué engañarnos, a estas alturas lo de ser DJ es como ser tertuliano: te llevan a un sitio, pones cara de estar en posesión de una verdad que ha costado decenas de generaciones descubrir, cobras y te vas. No creas que para llegar a ser un top class debes pasarte la vida estudiando tu próximo paso, pero siempre hay alguien que despunta en cualquier campo, y la mayoría de las veces lo logra yendo a contracorriente.
El caso de Andy Votel es para que lo estudie la NASA: un tipo que busca los discos más freaks que te puedas echar a la cara, versiones de los Stones “made in Pakistán”, bollywood rock, psicodelia turca… Vamos, que el hombre mira la lista del Billboard y se cree que es el menú de un chino.
¿Cómo empezaste a pinchar?
En el 88 tenía 13 años y pillé dos platos que me costaron 10 euros, mezclaba usando el balance de una ghetto blaster. Me molaba pinchar dos copias de un mismo disco pero como no tenía pasta empecé a buscar discos en rastros porque eran más baratos.
¿Y cómo has conseguido reunir tu envidiable, muy robable colección?
Seguí comprando discos que contenían los samplers originales, más tarde me decidí a buscar cosas que sonaban como los samplers para crear mi propia música, después paré de producir música y comencé a comprar material que no sonaba como los samplers… Pero fue cuando decidí no comprar más discos ingleses o americanos cuando las cosas se pusieron interesantes de verdad.
Da la impresión de que sólo te gusta música oscura de los sesenta y setenta. ¿Es así?
Nunca me he sentido avergonzado por mis gustos musicales. Cuando comencé a pinchar la gente se reía de mí. Todo depende de la manera en que presentes esos temas y del contexto en que los pongas. Todo ese rollo acerca de los “placeres ocultos” es una tontería. Y, sí, soy un acérrimo de los 60 y 70 y nunca me he cansado de escarbar en el rollo psicodélico. Creo que puedo tirarme quince años más rebuscando en Turquía, Singapur, Irán o Corea antes de relajarme con algo de Kate Bush o Fleetwood Mac.
Debes tener un montón de historias que te han pasado mientras pinchabas…
Amenazas de muerte, proposiciones de matrimonio… Pero lo más increíble es cuando una inesperada minoría étnica reconoce el lenguaje de un oscuro disco que estoy poniendo y de repente se crea una fiesta privada en la pista. He visto como gente estallaba en llanto porque, sin saberlo, he puesto un disco que sonó en la boda de sus tíos en Pakistán hace 25 años. También me meto en problemas a menudo por ser lo suficientemente estúpido como para poner discos turcos en Chipre o temas rusos en Polonia sólo porque tienen una alucinante guitarra fuzz.
ENTREVISTA DE ABEL SUÁREZ