ILUSTRACIONES DE ANGELO DI MARCO
Angelo di Marco se especializa en transformar historias de interés humano, escogidas sin propósito o idea preconcebida alguna, en viñetas de terrorífico impacto y virtuoso dibujo. En Francia, país en el que se chiflan por su trabajo, las ilustraciones de Angelo se han ido publicando a lo largo de las últimas cinco décadas en la mayoría de periódicos de gran tirada, así como en incontables revistas y anuncios publicitarios. El secreto, según él, reside en “capturar el instante previo al golpe fatal. Nada de sangre, sólo miedo extremo”.
¿Cómo y a qué edad comenzó su carrera artística?
Angelo di Marco: A los 23 años me encargaron ilustrar un relato breve al mes para la revista La Vie Parissiene, que aún existe. Cinco o seis meses después, fui un día a entregar mis ilustraciones como de costumbre y el editor jefe me dijo: “¡Tengo buenas noticias para ti!” Yo le respondí, “¿Me van a a pagar más?”, y él dijo, “No, nunca pagamos más de lo estipulado, pero esto puede que sea mejor. El periódico Radar te ofrece trabajo”. Ahí fue cuando las cosas empezaron a ir sobre ruedas. Radar era una publicación importante, con una tirada de un millón de ejemplares. Yo, claro, me puse muy contento. Y expectante, a la espera de ver cómo evolucionaba esta nueva relación laboral.
¿Y cómo lo hizo?
Primero me pusieron a prueba. Querían ver cómo me las arreglaba dibujando figuras en movimiento. Me encargué de una tira cómica semanal, y trabajé también en una sección llamada Inouie [Increíble], en la que se relataban accidentes extraños, toda clase de cosas insólitas. Tenían, por ejemplo, la historia de una mujer que cayó de un edificio y aterrizó en los brazos de un bombero.
¿Esas historias eran siempre verídicas?
Sí. Recuerdo una sobre el robo de un autobús. Un tipo se quedó escondido en las cocheras y, cuando el conductor dejó el vehículo, se subió y lo puso en marcha. El conductor corrió hacia él, logró agarrarse a la escalerilla de la parte de atrás y se puso a gritar, “¡Ladrón! ¡Ladrón!”. Lo que hice fue dibujar la escena desde el punto de vista de alguien mirando hacia la parte trasera y viendo a través del cristal a ese hombre pegando gritos.
¿Sueles centrarte más en las víctimas?
Depende. Si me parece que la víctima es la persona interesante, el ángulo del dibujo le concede a él o ella todo el protagonismo. Si a la persona la están atacando desde atrás, entonces dibujo su rostro. Si aún se desconoce la identidad del asesino yo no mostraré su cara. Hace poco dibujé algo así. Se trataba de una mujer que había ganado a la lotería. Se había divorciado poco antes de ganar una fortuna y alguien la estranguló desde atrás. Del asesino sólo dibujé la frente y un ojo. La policía sospechó durante un tiempo de su ex marido, pero como no tenían pruebas le dejaron ir.
Por terrible que sea la escena, usted nunca muestra sangre.
Siempre he procurado centrarme en el suspense; dibujar el instante del disparo, el robo o el apuñalamiento, antes de que surja la sangre. La intensidad es mucho mayor. Cuando te hieren tu rostro se transforma en una mueca. El dolor hace que te olvides de todo lo que te rodea. En mis ilustraciones la víctima sabe exactamente lo que está sucediendo, y eso es lo horrible. También resulta más interesante al dibujar al atacante en pleno ataque de celos o lo que sea.
¿Le ayudan sus ilustraciones a entender mejor la condición humana?
Eso quizá sea decir demasiado, pero sí es cierto que tengo mis opiniones sobre el ser humano. Sólo tienes que revisar la historia para comprobar que hasta la persona más civilizada lleva un bárbaro en su interior. Los animales no tienen capacidad de discernir, pueden cometer crímenes espantosos sin ser conscientes de ello. Matan para comer, mientras que las personas usan su capacidad de raciocinio de un modo erróneo.
¿Alguna vez te ha sobrecogido una historia que hayas tenido que ilustrar?
No. Alejo de mi cabeza los componentes escabrosos sin siquiera darme cuenta. Una vez termino mi dibujo da igual si tiene un lado oscuro; voy, lo entrego y ya está. Supongo que habrá gente a la que asuste lo que ve, cosas que pueden marcar sus vidas e incluso su rutina diaria. Puede que les entristezca, les deprima o ponga de mal humor. Eso a mí no me pasa. He logrado librarme de esas cosas.
¿Cómo?
No pensando en ellas.
ENTREVISTA DE MATHIEU BERENHOLC