Fotos por cortesía de Skateistan
Fui con mi amigo Kenny a desayunar. Kenny viaja mucho y yo hacía meses que no le veía. Devorando café y bocadillos de queso me contó que había contactado con un tipo que estaba montando una escuela de skate. Yo estaba más ocupado con mi zumo de naranja que con su conversación, (si no te lo bebes rápido se van las vitaminas, solía decir mi abuela), hasta que me dijo que Skateistan estaba en Kabul.
La primera escuela del mundo dedicada sólo a enseñar skate no está en California, sino en la capital de lo que los Yankees llaman el país del terror, Afganistán. Quizá te suene el nombre, es uno de esos sitios que suelen nombrar a menudo en eso que tu padre ve en la tele a la hora de comer, llamado noticias. “¿Cómo?”, repliqué. “¿Skate? ¿Afganistán? ¿Escuela? ¿Qué? Empecemos por el principio…
En Febrero de 2007, Oliver Percovich, acompañado de dos amigos, llegó a Kabul con tres tablas bajo el brazo. Tan pronto como salieron de la terminal, una manada de niños exaltados les suplicó poder poner al menos un pie en uno de esos cacharros rodantes. Ver el ansia con que un nutrido grupo de niños acudía todos los días para compartir esas tres tablas encendió una pequeña bombillita en la cabeza de Oliver: “Montemos una escuela de skate y enseñemos algo bueno a esos niños que han crecido entre explosiones y armas”. La escuela se fue ampliando con la llegada de algo más de material y con la mudanza a un nuevo espacio donde podían construir un pequeño skatepark. Ahora están rodando un documental y han invitado a un par de skaters profesionales con la doble intención de llamar la atención sobre su escuela y el de rodar el mencionado documental sobre cómo una escuela de skate ayuda en una zona que ha estado en guerra los últimos treinta años. ¿Habrá pronto skaters afganos en los vídeos?
Texto de Iván Rodríguez